La doble vara funciona a pleno, por Marcelo Telez

Hay una frase que le adjudican, sin comprobación cierta, a Joseph Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda que tuvo Adolf Hitler, es la que dice «Miente, miente, que algo quedará», representa para nosotros una actualidad dolorosa.


En julio del 2018 Silvia Fesquet, una de las editoras de Clarín, escribió un artículo, «Miente, miente, que algo queda», donde para hablar de las noticias falsas decía que «la posverdad se identifica con una verdad emocional, no basada en hechos objetivos».

Si repasamos un poco lo que fueron los principios que tenía la propaganda nazi creada por Goebbels, uno de sus fundamentos hablaba del principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo, individualizar al adversario como un único enemigo.

Esto sería algo así como la reducción de toda la complejidad de los distintos enemigos a una realidad muchísimo más simple, sencilla, desprovista de diversidad y muy fácilmente identificable. El enemigo sería por tanto común a todos los que abrazaran tal propaganda, focalizando su odio contra ese mal primitivo en el que el rival se encarnara.

En Psicología y mente, Joaquín Mateu-Mollá define otro de los elementos del método fundado por el poderoso funcionario nazi que es el del principio del contagio, «se pretendería dispersar una serie de atributos a todos los sujetos que se acojan a ideas opuestas a las propias. A menudo son adjetivos de contenido negativo, humillante y/o ridiculizante; que se asignarían, sin meditarlo, al opositor. Se trata del paso lógico tras haber diluido la sensación de multiplicidad, mediante el cual se difundirían estereotipos a partir de lo que el aparato de propaganda considerara ‘no deseable’ (todos los judíos son unos ladrones, por ejemplo)» dice el Doctor en Psicología Clínica de la Universidad de Valencia.

Cualquier parecido con lo que desde hace algún tiempo vienen sosteniendo los principales medios de comunicación de nuestro país no creo que sea pura coincidencia.

Si esto le agregamos como referencia aquello que sucedió en el mes de junio de 1972 en los Estados Unidos, mientras era presidente Richard Nixon, cuando le llegó la información al diario The Washington Post sobre la detención de algunas personas que tenían un plan elaborado para espiar las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata en Washington, que a su vez derivó en lo que se conoció como Caso Watergate, el escándalo que provocó la única renuncia de un presidente en los EE.UU. en la historia, y desde allí venimos a esta actualidad que estamos viviendo en nuestros días, en referencia a un caso de espionaje que surgió a partir de la investigación sobre un caso de narcotráfico.

Es decir, se está investigando otra cosa y de golpe se empezaron a atar cabos.

Y en eso sucedió que personas que trabajaban en la Casa Rosada, personas que trabajaban también en el Estado Nacional, en la Agencia Federal de Inteligencia, están relacionados con el espionaje hacia múltiples personas de índole político, de índole periodístico, judicial, sindical.

Y acá empieza toda una serie de actuaciones por parte de los unos y los otros. ¿Y quiénes serían los unos y los otros? Volvemos a esto del el enemigo único, o a eso de la simplificación de las cosas.

Veintidos personas han sido detenidas, será tomada su declaración y se seguirá adelante con la causa. Nadie puede decir que son culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Todos son inocentes, pero no existe la misma vara con la que años atrás se medían a personas opositoras al gobierno de turno que estaban sufriendo de alguna manera esto mismo.

Los principales medios de comunicación ya los habían condenado y con expresiones que decían, por ejemplo «más allá de las pruebas, ¿para qué hay que buscar pruebas?» . Esa gente fue la que se encargó de ensuciar, de difamar y de llenar de odio al resto.

Esperamos por supuesto que se respete a rajatabla todo lo que tiene que ver con los procesos necesarios, desde el punto de vista judicial, y nos lleve a conocer todo más a fondo. ¿Cuáles son las ramificaciones, qué tiene que ver este espionaje ilegal que se está investigando con el gobierno de Mauricio Macri, donde está implicado hasta ahora hasta el secretario privado del ex presidente de la Nación? son apenas algunas de las preguntas que aparecen a priori.

Ojalá que exista la misma vara para medir desde los medios a todos, así como se hizo años atrás. Porque si no, indudablemente vamos a poder ver y entender que hay dos varas que mide las cosas de manera diferente.

Y es ahí donde empezarán a jugar las cuestiones de la moral, esa que muchos dicen tener y que dificilmente la puedan demostrar.

Marcelo Telez

RPD Noticias