Débil, renguito y un poco zonzo, por Teodoro Boot

Me hubiera gustado explayarme respecto a la preocupación, que no es de hoy sino desde hace algunos meses, que me produce la estupidez y la irresponsabilidad de muchos compañeros que parecen habitar un mundo paralelo, en el que no hay enemigos, nada ocurre y todo es abstracto e ideal. Como no pretendo decirle a nadie cómo debe pensar o hablar, no critico a nadie en particular.

Voy a hacer catarsis, que si todo el mundo hace ¿por qué yo no?. Empezaré por disculparme con el Pájaro Salinas: lamento haber tenido que cortar la comunicación telefónica tan abruptamente, pero sin saber por qué lo hacía.

Mientras hablábamos apagué las hornallas y después, con una sola mano y una caja de fósforos de mierda (los de antes, que no eran “de seguridad” resultaban mejores) no las podía prender. Y la verdad, tenía todo listo para proceder al primer rissotto de mi vida (a primera vista, el rissoto es un atentado contra el arroz, pero como hay que probarlo todo, lo intenté, y no salió nada mal), aunque cuando empecé con el sofrito me di cuenta de que no tenía arroz a mano. Si había, debía haberlo lejos de donde estaba, a raíz de lo cual llamé a Mirta para que buscara el arroz. Al parecer lo hice de modo tan imperativo que se enojó y sigue sin hablarme.

Me hubiera gustado explayarme respecto a la preocupación, que no es de hoy sino desde hace algunos meses, que me produce la estupidez y la irresponsabilidad de muchos compañeros que parecen habitar un mundo paralelo, en el que no hay enemigos, nada ocurre y todo es abstracto e ideal. Como no pretendo decirle a nadie cómo debe pensar o hablar, no critico a nadie en particular. Lo que critico es que esos compañeros crean estar militando o digan que manifestando su subjetividad sin ninguna clase de filtro están ayudando al gobierno mediante el infalible método de cagarlo sistemáticamente a puteadas.

En lo personal, no me parece que eso ayude para nada ni que el estar todo el tiempo hablándose encima suponga ninguna clase de militancia. Lo lamento, pero es así. Y por eso siempre parto de respetar y tratar de comprender a quienes se ven obligados a hacer y en consecuencia a equivocarse. O no, vaya uno a saber, porque que un tipo no haga lo que a mí me gustaría no necesariamente significa que se equivoca. Pero si uno sigue pensando que se equivoca, lo lógico es plantear la crítica en el momento adecuado para que esa crítica ayude a fortalecer y no a debilitar. Porque en serio, que nadie me venga con el cuento de que porque te quiero te aporreo o de que los traidores aplauden y los leales critican y al mismo tiempo matamos a Rucci. No jodamos. O al menos, seamos un poco más serios.

Si no hubiera tanta vanidad, tanto resentimiento, tanta envidia, tanta frustración en tanto de lo que leo y escucho, repetiría lo que todos saben. Por ejemplo, que en el 2015 cometimos la mayor de las estupideces que se podían cometer, que fue ningunear y criticar a nuestro candidato, que tenía tanto de criticable que a uno no le alcanzaría la enciclopedia británica, pero que resultaba increíblemente estúpido criticarlo, no darle el apoyo suficiente, cuando era nuestro candidato. Y esto fue una asombrosa demostración de cuán en la luna estaban nuestros lenguaraces, porque lo que se jugaba era muy serio y la mayoría del activismo parecía no darse cuenta.

A partir de esa arrogante, vanidosa y egoísta manifestación de subjetividades, contribuimos a la victoria de un gobierno que en menos de tres años destruyó lo poco (insisto: LO POCO, porque si es cuestión de ponernos exigentes, tengo otra enciclopedia británica para empezar a enumerar lo que a mi juicio se hizo mal o se dejó de hacer en los 12 años anteriores) que muy trabajosamente, con errores, agachadas, traiciones, defecciones y etcétera, fuimos capaces de reconstruir para tratar de arrimarnos a lo poco que restó de la dictadura y que el gobierno de Menem (de nosotros los peronistas, no lo olvidemos nunca) terminó por transformar en nada. Porque eso es nuestro país hoy, y los acá presentes tenemos la suficiente edad como para entenderlo.

A veces parece que viviéramos en las nubes de Úbeda, como si nada hubiera pasado y que en todo eso que no ha pasado, ninguno de nosotros hubiera tenido nada que ver.

Si a uno se le ocurre decir que fue una genial maniobra que lo diga y si a otro se le ocurre decir que fue una medida inevitable que también lo diga. A mí no me importa: hace menos de un año, Cristina propuso a Alberto como candidato (y en consecuencia, de ganar, presidente y en nuestro sistema, jefe, porque una vez no lo entendimos o algunos no lo entendieron y así nos fue) de un frente político que incluía principalmente al kirchnerismo duro expresado por Cristina, al masomenos kirchnerismo crítico expresado por Alberto, al massismo, al minúsculo radicalismo filokirchnerista, a los distintos sectores de la CGT, a todas las facciones de la CTA (De Genaro incluido), a Proyecto Sur, a las organizaciones feministas, las más significativas organizaciones sociales y a cierto núcleo de organizaciones de las pequeñas empresas. Ese frente (más amplio imposible) apenas si consiguió el 49% de los votos contra el 40 por ciento del gobierno más inoperante, antipopular y corrupto de la historia argentina, al menos desde Rivadavia a esta parte.

Ese es el panorama en que asume el actual gobierno, esa es “la relación de fuerzas” de la que tantos se burlan, como si no existiese, como si uno pudiese cagarse en la realidad simplemente porque se le ocurre cagarse, panorama al que, en tren de tratar de entender algo, hay que agregarle a la oposición los grandes conglomerados industriales, los exportadores de granos, las asociaciones de productores colonizadas por sus cafishios, los grandes grupos mediáticos, la porción mayoritaria del poder judicial y una amplia clase media que incluye a no pocos de los trabajadores sindicalmente organizados. Y si alguien me dice que la correlación de fuerzas puede volverse favorable si se dan las peleas, me permitiré hacer una precisión: se vuelve favorable si esas peleas se ganan, porque si se pierden, la relación se vuelve más desfavorable. De manera que dar las peleas por darlas nomás no significa absolutamente nada.

A ese magro 49 % es indispensable ampliarlo, porque si ese frente sirvió para ganar, obviamente será insuficiente para gobernar.

¿Hacia dónde se le ocurre a nuestros iluminados opinadores que puede ser ampliado ese frente? ¿Hacia la izquierda? No jodamos, por el amor de dios. A la izquierda del Frente de Todos no hay nada mínimamente significativo: Del Caño, Cúneo y un par de resentidos de los nuestros. ¡Ni Lozano está afuera!.

Mal que le disguste a mucha gente, vivimos en un sistema más o menos democrático en el que si bien las grandes fortunas hacen valer su poder, los gobiernos son electos por el voto mayoritario. En principio (y no tomando en cuenta la capacidad manipuladora de los medios) eso sería favorable a las mayorías. Pero las mayorías no lo son por padecimientos comunes: son mayorías de opinión, no mayorías sociales desprovistas de liderazgo político, las que se expresan electoralmente. Y a eso hay que estar siempre atentos, siempre y cuando uno quiera referirse a la política y no a hacer catarsis y a andar tirando subjetividades como si fueran pedos.

En el camino a poder recuperar alguna vez cierto grado de independencia nacional mediante la integración latinoamericana (en momentos en que todos los posibles aliados están gobernados por el colonialismo y el gran capital trasnacional) y aspirar a la mayor igualdad social que nos vaya siendo posible (desde que me quedé rengo y no puedo cruzar la calle corriendo me volví un poco reformista), lo que nunca hay que olvidar es que el secreto consiste en mantener la unidad , ampliar la base social y política propia y a la vez operar por líneas interiores sobre los enemigos. Por líneas interiores significa de a uno por vez, y tratando de elegir siempre el momento y el lugar de la confrontación, no a andar a tontas y a locas y a hacer lo que nos place, ni siquiera siendo justo y necesario.

El ejemplo más a mano es Vicentín: lo de la expropiación sonó a música en nuestros oídos, pero en la real realidad el único modo de intervenir en Vicentín era si previamente se producía una fuerte movilización social de los sectores más directamente afectados, que son los productores y las cooperativas agrarias. No hubo nada de eso, los principales interesados no movieron un dedo y se hicieron los boludos, y encima hubo una movilización en sentido contrario, como era previsible, impulsada por los medios y como también era muy previsible empiojada por un poder judicial corrompido que iba a llevar al gobierno a un matete jurídico y a una muy previsible derrota parlamentaria. ¿Cuál era el sentido de esto? ¿Recuperar la guita estafada al Nación? ¿Intervenir en el comercio de granos mediante una empresa testigo? Los que dicen esto ¿lo dicen en serio? ¿Con Vicentín vas a controlar a Cargill, a Monsanto, a las seis hermanas? ¿Con Vicentín vas a recuperar el control de los puertos, la hidrovía, las aduanas y demás dependencias estatales debilitadas hasta el raquitismo por decisión de los constituyentes de 1994 con el argumento del federalismo?.

Ojo, no estoy diciendo que no hubiera venido bien una Vicentín en manos de las cooperativas, el Estado e industriales del sector (claro que si las cooperativas y los industriales y demás afectados hicieron tan poco por tener esa empresa, no quiero imaginar qué hubiesen hecho después con la empresa). Lo que quiero decir es que el objetivo no sólo no justifica empeñarse en una derrota parlamentaria sino que esa derrota (previsible, insisto, porque alcanzaba con contar los porotos) imposibilitaba el objetivo. Entonces ¿para qué dar esa pelea? Dentro de lo posible hay que dar las peleas que se pueden ganar y rehuir las que seguramente se van a perder. No estamos por tomar el cielo por asalto sino apenas tratando de conformar un frente de gobierno lo bastante amplio como para tener mayoría parlamentaria y el suficiente consenso social como para domesticar un poco al poder judicial y aislar social y políticamente a los sectores ultras de la oposición.

Pero hay quien se enoja y hace filosofía tanguera porque Larreta es “amigo” y porque Macri vuelve y se caga en todo: quieren que lo metan preso, que le manden a la Federal para sacarle el auto, porque lo que hizo es una provocación… ¡Justamente! Todo lo que hizo es una provocación ¿o alguien cree que para cerrar negocios es necesario viajar a Paraguay? De principio al fin el viaje fue una provocación destinada a recuperar espacio dentro de Cambiemos ¿y le vamos a dar el gusto? Pero ¿se puede ser tan tonto?.

Hoy tenemos un gobierno débil, contradictorio, con una jefatura que tiene que consolidarse, de un frente inestable y muy difuso que es necesario ampliar. Con todo lo insatisfactorio que para muchos ese gobierno pueda a veces resultar, es el único que tenemos. Es como un niño débil, renguito y un poco zonzo: hay que ayudarlo a caminar, de a poquito, para que se vaya fortaleciendo, no putearlo y cagarlo a patadas porque es débil, renguito y un poco zonzo. Si un padre hiciera eso con un hijo, lo mandaríamos al psiquiatra o a un manicomio donde le dieran un supositorio de boludol lo más grande posible. ¿Por qué entonces ahora cunde el deporte de hacer eso con un gobierno débil, rengo y un poco zonzo? Se va a haciendo lo que se puede y dentro de lo posible, mirando las cosas al bulto, yendo hacia una dirección razonable. No será hacia el lugar exacto que algunos pretenden ni con la velocidad con que algunos pretenden. No sé, tendrán sus razones, su autoridad, su fuerza política para pretenderlo, pero se hace siempre lo que se puede.

¿Es lo que digo mero posibilismo? Seguramente. En todo caso prefiero el posibilismo a la imposibilidad. Y jamás voy a olvidar la verdad peronista número cero: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.

Pero a veces parece que hicieran falta muchos más muertos, más dictadura, más Martínez de Hoz, más Malvinas para recordarlo. Salute.

Teodoro Boot

Nac&Pop – Red Nacional y Popular de Noticias