Como en el 73…, por Omar Quiroga

Si vamos a pensar en qué se puede y en qué no se puede mejorar la realidad que nos toca vivir, mejor hacerlo desde nuestro punto de vista, con nuestros objetivos comunes, y no contándonos las costillas como si lo que nos ligara fuera simplemente un programa electoral.

Algo de este presente se emparenta con aquella Argentina del 73, notoriamente cercada por dictaduras, sobre todo la de Pinochet que no era nada menos que la punta del iceberg del neoliberalismo.

Una realidad que muchos no podían y otros no tenían ganas de ver, y que hoy con el diario del lunes podemos atisbar, reflejada en parte por la visión de Perón sobre aquel momento. Algunos lo juzgaban por retardatario.

Es que la realidad interna después de aguantar 18 años de militares y garcas era la de una multitud (¿una generación acaso?) ansiosa de cambios, reformas y revoluciones veloces.

Hoy tal vez nos enfrentemos a algo similar, pues todas las críticas hacia el gobierno de Alberto parecen basarse en su falta de reacción contra los poderes que se manifestaron en los cuatro años de gobierno de Macri.

Cambios coyunturales, que al mismo tiempo modifiquen situaciones estructurales, y que sea rápido por favor, porque ya aguantamos bastante.

No va a suceder.

Y menos en medio de una crisis que mezcla pandemia con miseria y décadas de atraso.

Queda un trecho largo por delante en el que la idea de acceder a una realidad próspera será reemplazada por un imperativo: apechugar.

En otros aspectos, el político, por ejemplo, todo está en juego.

Entre esos poderes fácticos que parecen invencibles e invulnerables, a pesar de su fortaleza y nuestra debilidad, todo está en veremos.

Gracias a nuestra tan vilipendiada democracia que muchos consideran una farsa.

Pero en la que sobreviven esas insituciones maravillosas que supimos erigir, que no son ni la república ni nada aprecido.

Son las Madres, las Abuelas, los Hijos, y otros pequeños, limitados poderes de miiltantes que a veces ocupan cargos, y otras no, son trabajadores, activistas sociales, profesionales, estudiantes, que parece que no influyen pero sí lo hacen, siguen contribuyendo a sostener la medida de la vergüenza, la memoria, la verdad y la justicia.

No de otra cosa se trata el peronismo y sus mil caras.

Un movimiento que siempre parece que se pierde, pero en realidad se transforma.

Volviendo a lo que se puede y lo que no se puede, el 2020/21 trae una andanada de elecciones en América, en sus farsescas ediciones, de sur a norte la relación de fuerzas políticas se va a modificar.

Para bien o para mal de nuestra situación interna.

La relación de fuerzas económicas, ya lo sabemos, será para mal, sin duda.

El viaje de Macri a Paraguay tal vez no sea nada importante en este sentido – es evidente que no le da para liderar la unidad de la derecha latinoamericana – pero llama la atención.

Y seguramente es ese su objetivo político de momento, llamar la atención aunque no tenga nada que proponer a la mayoría, lo mismo que sus partidarios en el pro, la UCR y las otras fuerzas de orientación similar.

Estos comentarios no le llenan la panza a nadie, seguro, pero si vamos a pensar en qué se puede y en qué no se puede mejorar la realidad que nos toca vivir, mejor hacerlo desde nuestro punto de vista, con nuestros objetivos comunes, y no contándonos las costillas como si lo que nos ligara fuera simplemente un programa electoral.

Omar Quiroga

NAC&POP – Red Nacional y Popular de Noticias